Cuerpo del trabajo

CONTEXTO FAMILIAR NEGATIVO COMO BARRERA PARA EL APRENDIZAJE Y LA PARTICIPACIÓN EN EL JARDÍN DE NIÑOS UNIDAD MODELO.



Problematización
 A partir de la observación durante las dos jornadas de prácticas en el jardín de niños Unidad Modelo, pudimos percatarnos de que el contexto familiar negativo de las y los alumnos es una de las mayores problemáticas que presentan y que además tienen en común entre todos los grupos; va desde falta de atención por parte de los padres a sus hijos y la poca o nula importancia que se le da a la educación preescolar, padres separados, enfermedades, bajo nivel socioeconómico, violencia intrafamiliar, entre otras situaciones. Esta problemática se presenta como una Barrera para el Aprendizaje y la Participación en las niñas y niños de preescolar, dificultando el logro de un desempeño académico satisfactorio, así como el desarrollo de habilidades personales y sociales que el educando debe adquirir en esta etapa de su vida.


Planteamiento del problema

Las Barreras para el Aprendizaje y la Participación (BAP) son obstáculos que dificultan o impiden el proceso de adquisición de conocimientos y habilidades. En un jardín de niños, estas barreras pueden manifestarse de diversas formas, como falta de recursos educativos adecuados, desafíos emocionales o conductuales en los niños, barreras lingüísticas, y diferencias individuales en el ritmo y estilo de aprendizaje. Las BAP representan un problema significativo en la educación preescolar porque impiden que las y los niños ejerzan su derecho a la educación, limitando su desarrollo y aprendizaje correspondientes a una de las etapas más cruciales de su vida.

En México, más de 4 millones de niños, niñas y adolescentes no asisten a la escuela, mientras que 600 mil más están en riesgo de dejarla por diversos factores como la falta de recursos, la lejanía de las escuelas y la violencia. Además, los niños y niñas que sí van a la escuela tienen un aprovechamiento bajo de los contenidos impartidos en la educación básica obligatoria (UNICEF, s.f.)

En educación preescolar, la tasa de cobertura neta pasó de 69.8% en el ciclo escolar 2019-2020 a 62.1% en el 2021-2022, esto significa una reducción de 7.7 puntos entre estos dos ciclos. En el ciclo 2022-2023 fue de 62.0%, la cual se mantuvo prácticamente igual respecto al ciclo previo (Mejoredu, 2023, p.12).

Covarrubias (2019) clasifica las BAP en 3 categorías: culturales, políticas y prácticas. Las barreras culturales surgen de ideas arraigadas en la mentalidad de las personas, las cuales pueden dar lugar a actitudes de segregación, discriminación o exclusión. Dentro de estas limitaciones, se pueden distinguir barreras actitudinales y barreras ideológicas. Las barreras actitudinales se refieren a predisposiciones aprendidas para responder de manera consistente ante personas, hechos sociales o productos, reflejando una inclinación positiva o negativa. Por otro lado, las barreras ideológicas son representaciones que se manifiestan en forma de puntos de vista, ideas, razonamientos o creencias individuales o colectivas, desde donde se emiten juicios críticos y de valor sobre situaciones específicas.

Dentro de las barreras políticas se encuentran los aspectos relacionados con las regulaciones y leyes educativas de las instituciones, tanto en su cumplimiento como en la necesidad de desarrollar nuevas estrategias para promover la inclusión y la atención a la diversidad. Entre estas limitaciones se destacan los procesos de capacitación y actualización profesional docente, ya que es responsabilidad de las instancias gubernamentales brindar capacitación y actualización en materia de inclusión.

Las barreras prácticas se dividen en dos subcategorías: barreras de accesibilidad y barreras didácticas. Las primeras se refieren a impedimentos físicos en la infraestructura que pueden dificultar la participación de los estudiantes en situaciones vulnerables, ya sea en el entorno social, comunitario, o dentro de la propia escuela o aula. Por otro lado, las barreras didácticas están relacionadas estrechamente con los procesos de enseñanza y aprendizaje, manifestándose principalmente en el aula y la labor docente, abarcando aspectos como metodología, evaluación, implementación del currículo, actividades, organización del grupo, trabajo colaborativo y relación con las familias, entre otros.

Echeita (2006, p. 112) retoma los conceptos de Booth y Ainscow (2000) y resalta "que es el contexto social, con sus políticas, sus actitudes y sus prácticas concretas, el que, en buena medida, crea las dificultades y los obstáculos que impiden o disminuyen las posibilidades de aprendizaje y participación de determinados alumnos". Si bien es cierto e innegable que, por ejemplo, una condición específica asociada a la discapacidad requiere de una intervención particular, también es necesario considerar los factores del entorno que han provocado que esa condición se agudice al tratarla de manera individualizada o como único factor de atención. Este concepto permite considerar, según Echeita (2006), que si un alumno o alumna interactúa en un contexto social positivo en un centro escolar bien estructurado, con una cultura de atención a la diversidad, con prácticas que promuevan el aprendizaje y participación de todos y con los apoyos necesarios para aquellos que lo requieran, las dificultades para aprender se minimizan en donde solamente se visualicen alumnos diversos. En el escenario educativo nacional, el término de barreras para el aprendizaje y la participación ha sido retomado de los autores descritos y se ha hecho operativo en diferentes documentos normativos.

"El seno familiar es una unidad o instancia que ofrece contención afectiva, a través de la cual se sustenta el desarrollo emocional de las personas y es en ella donde se encuentran los espacios que favorecen o entorpecen este desarrollo" (Mulsow, 2008, pág. 64)

Siverio (2012) señala que las condiciones de vida y educación del niño en general desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de una personalidad armónicamente desarrollada; esto es, de la forma en cómo se eduque, del sistema de enseñanza y educación desde sus primeros años de vida y de su contexto familiar y/o institución educativa.

Se coincide con lo señalado por López y Siverio (2005, p. 17), quienes afirman que "si las condiciones son favorables y estimulantes esto tendrá repercusiones inmediatas en el aprendizaje y desarrollo, si son desfavorables o limitadas, actuarán de manera negativa, perjudicando dicho desarrollo, a veces de forma irreversible".

Las barreras de aprendizaje en preescolar son problemáticas porque limitan las oportunidades de desarrollo de los niños y pueden tener consecuencias a largo plazo en su trayectoria educativa y social. Es importante identificar y abordar estas barreras de manera efectiva para garantizar que todos los niños tengan igualdad de oportunidades para aprender y crecer. La directora, docentes y USAER tienen la responsabilidad de identificar cuando estas se presentan e implementar las estrategias necesarias para el desarrollo integral y el aprendizaje de los niños y niñas en preescolar, superando los diversos obstáculos que el alumnado esté atravesando.

En base a lo anterior, se desprende la pregunta de este estudio ¿Cómo influye el contexto familiar negativo como Barrera para el Aprendizaje y la Participación a los niños y niñas en educación preescolar?


Justificación

El presente trabajo es fundamental para mejorar la calidad educativa en la etapa preescolar, ya que se enfoca en identificar y disminuir las barreras para el aprendizaje y la participación de los niños y niñas. Estas barreras, a menudo influenciadas por contextos familiares difíciles, pueden afectar negativamente el desarrollo académico y social de los pequeños.

Reconocer de manera temprana los indicadores de estas dificultades permite implementar estrategias que favorezcan un entorno educativo más inclusivo y equitativo. Al intervenir desde el primer momento, se puede prevenir que estas barreras se conviertan en obstáculos insuperables, facilitando así un mejor desempeño académico y una mayor participación en el aula.

López (2016), en "la importancia de la familia en el proceso educativo", plantea que la familia y la escuela desempeñan roles diferentes en dicho proceso, que han ido cambiando con el paso del tiempo, pero a pesar de cumplir funciones diferentes estos dos espacios deben complementarse y trabajar unidos en bien de fortalecer los pilares de la educación: aprender a conocer, a ser, a hacer y a vivir en comunidad, para garantizar no solo mejores resultados en la formación educativa, sino también aportar a la sociedad cambiante en la que existen personas con diversas capacidades y habilidades preparadas para asumir los retos que se presenten.

Este trabajo es crucial para garantizar que todos los niños y niñas de educación preescolar tengan las mismas oportunidades de aprender y desarrollarse plenamente, sin que su contexto familiar se convierta en un impedimento para su éxito educativo.


Objetivo general

Identificar cómo influye el contexto familiar negativo como barrera para el aprendizaje y la participación en niños y niñas de educación preescolar.


Objetivo específico

Determinar estrategias que favorezcan a la disminución de las barreras para el aprendizaje y la participación en educación preescolar.


Hipótesis

Si los niños y niñas de preescolar presentan un contexto familiar difícil o negativo influye significativamente en la aparición de barreras para el aprendizaje y la participación, la identificación e intervención oportuna de dichas barreras puede favorecer a su disminución, un mejor desempeño académico y una mayor participación en el entorno educativo.

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